Resurrección - Un soneto de Carlos Fuentealba
RESURRECCIÓN
Vi brotar manantiales de la piedra
allá donde la voz se vuelve afilada,
desoí la advertencia enredadera,
el estupor albino de la nada.
Miré la nervadura del espejo
y su envés de ventisca lacerante:
me saludó mi muerte a lo lejos,
intersticia, discreta, tosca, infame.
De allí esta virtud de aguar la fiesta
cuando alcanzo galope a tiempo,
ciego, zigzagueo la arista cresta,
de la conciencia amarro los cencerros
para caer destrozado en las cuaresmas:
oscura vida radiante, ¡voy de nuevo!

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